Santo Domingo, RD.-. El presidente de Brasil, Lula Da Silva, tiene un difícil reto para la segunda vuelta del domingo 25 de octubre: remontar la ventaja de 2.3 millones de votos a favor de su rival Flávio Bolsonaro, además la influencia ya marcada de la administración del presidente Donald Trump.
El mandatario brasileño ha trazado la estrategia de captar el apoyo de los votantes que endosan el 21 por ciento de la abstención registrada en la primera vuelta del domingo.
Da Silva y su equipo político dirigen el discurso hacia los ciudadanos mayores de 70 años, con la estrategia de que la ultraderecha liderada por el senador Flávio Bolsonaro retorne el poder por un periodo de cuatro años.
El presidente Trump ha trazado su línea, al calificar de “gran victoria” los resultados de la primera vuelta que favorecen a Bolsonaro.
El legislador obtuvo el 47 por ciento de los votos emitidos el domingo, es decir, más de 56 mil millones de brasileños acudieron a las urnas a darle apoyo a sus propuestas gubernamentales.
Da Silva, quien aspiraría a un cuarto mandato en periodos no consecutivos, alcanzó el 45 por ciento de los sufragios, con más de 53 millones de votantes.
El escenario electoral favorece a Flávio Bolsonaro, no sólo por la amplia ventaja de más de 2.3 millones de votos, sino porque podría concretar acuerdos con los partidos de derecha que adversan al Gobierno del Partido de los Trabajadores.
Da Silva se incluye entre los sorprendidos por los resultados de la primera vuelta.
“Estaba convencido de que ganaría las elecciones en la primera vuelta”, indicó en sus primeras declaraciones después de los comicios del domingo.
Un periodo de tres semanas constituye la oportunidad que tendría Da Silva en su intento de revertir el apoyo amplio que ahora goza su rival político.
El principal reto del oficialismo de cara a la segunda vuelta sería reconectar con los votantes que se abstuvieron de ejercer el sufragio.
De perder el balotaje de la segunda vuelta, el presidente brasileño se vería obligado a abandonar la arena política a los 80 años y con una derrotar encima, sin un sucesor o heredero definido.