La relación entre El Salvador y Haití ha dado un vuelco sin precedentes en la historia de la geopolítica latinoamericana. Lo que comenzó como un distanciamiento diplomático absoluto ha evolucionado hasta convertirse en un enfrentamiento militar directo en los barrios más peligrosos de Puerto Príncipe.
Esta es la cronología completa de cómo ambas naciones pasaron de la indiferencia a una guerra abierta contra el crimen organizado transnacional.
Santo Domingo, RD.-. Históricamente, los lazos entre El Salvador y Haití fueron prácticamente inexistentes. Al no contar con embajadas directas en sus respectivas capitales, los asuntos bilaterales se manejaban de forma precaria a través de misiones concurrentes en la República Dominicana o ante la Organización de los Estados Americanos (OEA).
Mientras El Salvador se concentraba en su propia posguerra y en el azote interno de la MS-13 y el Barrio 18, Haití sufría recurrentes crisis institucionales, desastres naturales e intervenciones de paz de la ONU (como la MINUSTAH) que nunca lograron estabilizar el país. Ambas naciones vivían de espaldas la una de la otra.
El auge del «Modelo Bukele» y el ofrecimiento (2023 – 2024)
El panorama cambió radicalmente con el éxito del Régimen de Excepción en El Salvador. Tras desmantelar a las pandillas locales, el presidente Nayib Bukele comenzó a proyectar la seguridad pública como la principal carta de presentación internacional de su gobierno.
En marzo de 2024, con Haití sumido en una anarquía total tras el derrocamiento de facto del primer ministro Ariel Henry a manos de coaliciones criminales, Bukele lanzó una declaración que recorrió el mundo: afirmó públicamente que El Salvador podía «arreglar» la crisis de seguridad haitiana. Para hacerlo, puso tres condiciones: el aval del Consejo de Seguridad de la ONU, el consentimiento del gobierno interino de Haití y el financiamiento total de la comunidad internacional.
El despliegue de la Fuerza de Supresión de Pandillas (2025 – 2026)
En 2025, ante el fracaso de las misiones policiales previas, la ONU aprobó la creación de la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF), una coalición militarizada internacional con facultades de combate directo. El Salvador se sumó a este esfuerzo enviando un contingente de la Fuerza Armada.
Sin embargo, el rol inicial de los salvadoreños era estrictamente técnico y logístico. El contingente estaba compuesto principalmente por pilotos y mecánicos de aviación encargados de operar helicópteros para misiones de evacuación médica y transporte de suministros, evitando el patrullaje terrestre o el combate cuerpo a cuerpo en las calles de la capital haitiana.
La emboscada en Croix-des-Bouquets: El punto de no retorno
Todo cambió drásticamente el 18 de octubre de 2026. Cuatro aerotécnicos militares salvadoreños que realizaban labores logísticas en la zona de Santo (periferia de Puerto Príncipe) fueron emboscados por miembros de la coalición criminal Viv Ansanm, específicamente de la peligrosa facción 400 Mawozo.
El vehículo blindado de los militares fue atacado con explosivos y ráfagas de fusil.
Aunque los uniformados sobrevivieron al incendio del automotor, fueron secuestrados por los pandilleros. La comunidad internacional, liderada por Estados Unidos y el propio gobierno interino de Haití, condenó el hecho de inmediato, declarando la liberación de los soldados como una prioridad de máxima urgencia.
Escalada bélica y ofensiva militar unilateral
La respuesta de San Salvador no se hizo esperar, transformando la misión de apoyo en una operación de combate frontal. El presidente Bukele envió un fuerte ultimátum redactado en criollo haitiano (creole) advirtiendo a los capos criminales que desmantelaría sus estructuras tal como lo hizo en el territorio salvadoreño.
En cuestión de horas, El Salvador desplegó un contingente de emergencia de más de 100 soldados de sus Fuerzas Especiales (pertenecientes al Batallón de Paracaidistas). Apoyadas por vehículos pesados, estas tropas de élite iniciaron incursiones armadas de asalto en barrios tomados por el crimen como Butte Boyer y Cité Doudoune.
Por su parte, los líderes de las bandas haitianas respondieron mostrando arsenales de guerra y declarando que combatirán a muerte al ejército centroamericano.
Hoy, la relación entre El Salvador y Haití escribe su página más oscura y compleja, marcando un hito histórico: la primera vez en la era contemporánea que las fuerzas militares salvadoreñas ejecutan operaciones de combate urbano terrestre de gran escala fuera de sus fronteras.