Santo Domingo, RD.-. El muelle cruje bajo el peso de un contenedor que, según los papeles aduaneros, transporta «ajuares del hogar y piezas mecánicas de repuesto». El operario de la grúa no lo sabe, pero entre esas cajas pueden viajar fusiles desarmados y miles de cartuchos que nunca pasaron por un registro estatal. La escena parece moderna, pero tiene siglos de antigüedad: solo han cambiado las carabelas por buques portacontenedores.
Un negocio tan viejo como la pólvora
El contrabando de armas nació cuando las potencias coloniales intentaron imponer monopolios comerciales. En los siglos XVII y XVIII, mercaderes británicos y holandeses atracaban en costas vedadas por la Corona española y cambiaban mosquetes y pólvora por cacao, oro o mano de obra esclavizada. Según el historiador Brian DeLay, citado en un boletín de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias, las armas se vendían a colonos y nativos de Norteamérica y fueron parte del comercio que alimentó la trata de esclavos.
La historiadora Priya Satia explica que Gran Bretaña fomentó la venta de armas al exterior para mantener viva su industria armamentista en tiempos de paz, lo que ayudó a expandir su imperio.En el siglo XIX y comienzos del XX, la frontera entre México y Estados Unidos fue un colador. DeLay sostiene que el tráfico de armas estadounidenses intervino en momentos críticos para desestabilizar gobiernos mexicanos, y señala que, con la posible excepción de Haití, México ha tenido la relación más larga y desestabilizadora con las armas de EE.UU.
En la Guerra Civil Española (1936), el embargo estadounidense dejó a la República sin armas, mientras emisarios republicanos recorrían Europa comprando armamento en el mercado negro. Con la Guerra Fría y su final, millones de fusiles circularon por el mundo, entre ellos el AK-47, que alimentó conflictos en América Latina y África.
La Española: una frontera hecha tamiz
La isla compartida por República Dominicana y Haití tiene una historia propia de contrabando. Sus 388 kilómetros de frontera han sido históricamente una línea porosa, donde la geografía accidentada y la complicidad en los puestos fronterizos facilitaron el paso de mercancías prohibidas, armas incluidas.Esa vulnerabilidad se mantiene en 2011, la Policía incautó en solo 90 días unas 3,000 armas que se presumía provenían de Haití, y que desde hace años los cargamentos de armas hacia Haití pasan por puertos dominicanos.
El siglo XXI: el desvío
Haití no fabrica armas ni municiones, pero sus pandillas están fuertemente armadas. Según un informe del Panel de Expertos de la ONU sobre Haití, publicado el 8 de septiembre de 2026, buena parte del armamento que entra ilegalmente a ese país termina en manos de bandas como 400 Mawozo, 5 Segond, Gran Grif, Kokorat San Ras y Tokyo, y parte de él ha ingresado desde territorio dominicano pese al reforzamiento del control fronterizo.

La violencia armada ha dejado más de 5,700 personas muertas o heridas en lo que va de 2026, según la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos.Los casos documentados muestran distintas rutas y métodos:-
8 de noviembre de 2022, Elías Piña:el Cesfront detuvo a dos haitianas con 22,160 municiones (12,000 calibre 7.62 y 10,160 calibre 5.56). En 2024 una de ellas fue condenada a 10 años de prisión.
24 de febrero de 2025, puerto de Haina: la DGA detectó con rayos X 37 armas ocultas en tanques de compresor, en un contenedor procedente de Brooklyn. Incluía 30 fusiles y siete pistolas.
4 de marzo de 2025, Haina: un contenedor de Miami con destino a Haití contenía 36,000 cartuchos y 23 armas, entre ellas dos fusiles antimaterial calibre .50. Según la ONU, los destinatarios eran las bandas 400 Mawozo y Canaan.
Diciembre de 2025, San Juan: un segundo teniente del Ejército y un haitiano fueron detenidos con 1,516 cartuchos en una motocicleta. Defensa confirmó que el oficial sigue en prisión preventiva.
Municiones con sello dominicano
El informe de la ONU añade un componente más delicado. Según El Día, los expertos documentaron municiones con marcas del Ejército dominicano («ERD») y otras compatibles con existencias de la Policía en poder de bandas haitianas. Señalan que fueron desviadas por presuntos «agentes corruptos de la policía y las Fuerzas Armadas Dominicanas» y, en el caso de la Policía, cuantifican 908,001 municiones desviadas, tras lo cual las autoridades hicieron un inventario y detuvieron a varios agentes.

El informe también cita cartuchos calibre .50 incautados a 400 Mawozo en 2026: al menos 15 de 32 fueron fabricados en República Dominicana. Las autoridades dominicanas respondieron que se trata de municiones de la Armería de las Fuerzas Armadas producidas entre las décadas de 1950 y 1960, parte de ellas en proceso de destrucción.
El canciller Ito Bisonó afirmó que esos cartuchos tienen más de 50 años y que no se ha podido determinar cuándo ni cómo llegaron a Haití. Diputados de distintos partidos piden investigar posibles redes de complicidad.

Lo que sigue sin respuesta
Advierten que, pese a los decomisos, las investigaciones no han identificado públicamente a los responsables de mayor jerarquía de estas redes, y que el Panel de la ONU aún espera información dominicana sobre las unidades militares a las que se asignaron ciertos lotes. Ni el informe ni Defensa señalan oficiales de alto rango involucrados; el único militar detenido documentado es el segundo teniente de San Juan.

La historia, de los mosquetes coloniales a los fusiles de asalto, repite una constante: donde hay fronteras débiles, demanda de armas y complicidad, el contrabando encuentra camino. Hoy, en La Española, esa constante tiene un costo humano medido en vidas haitianas, y a República Dominicana le plantea el reto de cerrar el paso y esclarecer responsabilidades.