FAIRFAX, EE.UU. – La inseguridad alimentaria continúa aumentando en Fairfax, uno de los condados más ricos de Estados Unidos, donde cada vez más residentes recurren a bancos de alimentos para poder cubrir sus necesidades básicas, en medio del encarecimiento del costo de la vida y los recortes a programas de asistencia social.
La situación contrasta con las declaraciones del presidente Donald Trump, quien sostiene que Estados Unidos ha alcanzado los niveles más bajos de pobreza de su historia, mientras la situación económica de los ciudadanos se ha convertido en una de las principales preocupaciones de cara a las elecciones legislativas del próximo martes 3 de noviembre.
Fairfax, ubicado en el norte de Virginia, a unos 25 kilómetros de la Casa Blanca, registra ingresos familiares medios superiores a los 153,000 dólares anuales. Sin embargo, esta prosperidad económica no ha impedido que personas mayores, desempleados y familias de bajos ingresos necesiten asistencia alimentaria.
Uno de ellos es Don Donnuck, de 66 años, quien vive de la Seguridad Social, tiene una discapacidad y recibe apenas 24 dólares mensuales en ayuda alimentaria. El hombre explicó que conseguir dinero suficiente para comprar comida durante todo el mes se ha vuelto prácticamente imposible.
Según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS), los precios de los alimentos en el área de Washington aumentaron un 3.5 % interanual en septiembre de 2026, mientras que la gasolina registró un incremento de 33.8 %.
La situación también afecta a organizaciones como Food for Others, que distribuye alimentos gratuitos en el norte de Virginia desde hace tres décadas. Su directora ejecutiva, Deb Haynes, informó que algunos programas han experimentado un crecimiento de entre 8 % y 13 %, con la llegada de personas que nunca antes habían necesitado este tipo de asistencia.
La entidad también enfrenta una reducción de sus suministros: recibe un 20 % menos de alimentos del Programa de Asistencia Alimentaria de Emergencia (TEFAP) que el año anterior. Asimismo, las donaciones de supermercados disminuyeron un 26 % interanual y las de otro programa de donación cayeron un 34 % en lo que va del año fiscal.
A esta situación se suman los recortes de aproximadamente 186,000 millones de dólares al presupuesto nacional del programa de asistencia alimentaria SNAP, aprobados en 2025 como parte del paquete fiscal impulsado por Trump.
Los efectos económicos también alcanzan a la propia organización, cuya factura de diésel en septiembre fue 1,200 dólares superior a la de febrero, lo que incrementa los costos de distribución.
La preocupación por el costo de la vida también se refleja en el escenario electoral. Un sondeo del Pew Research Center indica que el 84 % de los votantes considera que la economía será un factor muy importante al momento de decidir su apoyo en las elecciones legislativas del 3 de noviembre.
La realidad de Fairfax evidencia que, incluso en comunidades con altos ingresos, el aumento de los precios y las dificultades para cubrir los gastos básicos mantienen la inseguridad alimentaria como una preocupación para numerosos estadounidenses.