La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, alertó que la guerra en Oriente Próximo ya está generando un impacto “grande” en la economía mundial, con riesgos de menor crecimiento, inflación persistente y mayores tensiones en los mercados energéticos y de alimentos. Ante este escenario, instó a los gobiernos a evitar una reacción apresurada con subsidios o incentivos fiscales, recomendando una estrategia de “esperar y ver”.
Georgieva subrayó que muchas economías ya operan al límite de su capacidad fiscal, por lo que un aumento del endeudamiento público podría agravar su situación. Incluso si el conflicto terminara de inmediato, explicó, el bloqueo del estrecho de Ormuz retrasaría el suministro energético al menos 40 días, prolongando los efectos negativos en el corto plazo.
El impacto será global pero desigual. Las economías importadoras de energía y con menor margen fiscal serán las más afectadas, especialmente los países más vulnerables. “Todos se ven afectados por el aumento de los precios de la energía, pero el impacto negativo es altamente asimétrico”, señaló.
Además, el FMI advirtió sobre el encarecimiento de otros productos clave, como los alimentos. En particular, Georgieva destacó que los fertilizantes han duplicado su precio en pocas semanas, lo que podría trasladarse a mayores costos agrícolas y presión adicional sobre la inflación global.
En este contexto, el organismo insiste en la prudencia: actuar sin conocer el alcance real de la crisis podría empeorar las condiciones económicas en lugar de aliviarlas.